LA CUCARACHITA MANDINGA

abía una vez una Cucarachita Mandinga que estaba barriendo las gradas de la puerta de su casita, y se encontró un cinco.

Se puso a pensar en qué emplearía el cinco.

--¿Si compro un cinco de colorete? --No, porque no me luche.(luce)

¿Si compro un sombrero? --No, porque no me luche. ¿Si compro unos aretes? --No, porque no me luche. ¿Si compro un cinco de cintas? --Sí, porque sí me luchen.

Y se fue para las tiendas y compró un cinco de cintas; vino y se bañó, se empolvó, se peinó de pelo suelto, se puso un lazo en la cabeza y se fue a pasear a la Calle de la Estación. Allí buscó asiento.

Pasó un toro y viéndola tan compuesta, le dijo: --Cucarachita Mandinga, ¿te querés casar conmigo?

La Cucarachita le contestó: -- ¿Y cómo hacés de noche?

--¡Mu....mu........!

La Cucarachita se tapó los oídos:

--No, porque me chutás.(asustás)

Pasó un perro e hizo la misma proposición.

--Y cómo hacés de noche? --le preguntó la Cucarachita.

--¡Guau....guau....!

--No, porque me chutás.

Pasó un gallo: --Cucarachita Mandinga, ¿te querés casar conmigo?

--¿Y cómo hacés de noche?

--¡Qui qui ri quí!....

--No, porque me chutás.

Por fin pasó el Ratón Pérez.

A la Cucarachita se le fueron los ojos al verlo:

Parecía un figurín, porque andaba de leva, tirolé y bastón.

Se acercó a la Cucarachita y le dijo con mil monadas:

--Cucarachita Mandinga, ¿te querés casar conmigo?

--¿Y cómo hacés de noche?

--¡I, i, iii...!

A la Cucarachita le agradó aquel ruidito, se levantó de su asiento y se fueron de bracete.

Se casaron y hubo una gran parranda.

Al día siguiente la Cucarachita, que era muy mujer de su casa, estaba arriba desde que comenzaron las claras del día poniéndolo todo en su lugar.

Después de almuerzo puso al fuego una gran olla de arroz con leche, cogió dos tinajas que colocó una sobre la cabeza y otra en el cuadril, y se fue por agua.

Antes de salir dijo a su marido: --Véame el fuego y cuidadito con golosear en esa olla de arroz con leche.

Pero apenas hubo salido su esposa, el Ratón Pérez le pasó el picaporte a la puerta y se fue a curiosear en la olla. Metió una manita y le sacó al punto: --¡Carachas! ¡Que me quemo!

--Metió la otra: ¡Carachas! ¡Que me quemo! --Metió una pata: --¡Carachas! ¡Que me quemo! --Metió la otra pata y salió bailando de dolor: --¡Demontres de arroz con leche, para estar pelando! --Pero como eran muchas las ganas de golosear, acercó un banco al fuego y se subió a él para mirar dentro de la olla...!

El arroz estaba hierve que hierve, y como la Cucarachita le había puesto queso en polvo y unas astillitas de canela, salía un olor que convidaba.

Ratón pérez no pudo resistir y se inclinó para meter las narices entre aquel vaho que olía a gloria. Pero el pobre se resbaló.... y cayó dentro de la olla.

Volvió la Cucarachita y se encontró con la puerta atrancada. Tuvo que ir a hablarle a un carpintero para que viniera a abrirla. Cuando entró, el corazón le avisaba que había pasado una desgracia. Se puso a buscar a su marido por todos los rincones. Le dieron ganas de asomarse a la olla de arroz con leche.... y ¡Va viendo! ... a su esposo bailando en aquel caldo.

La pobre se puso como loca y daba unos gritos que se oían en toda la cuadra. Los vecinos la consideraban, sobre todo al pensar que estaba tan recién casada. Mandó a traer un buen ataúd, metió dentro de él al difunto y lo colocó en media sala. Ella se sentó a llorar en el quicio de la puerta.

Pasó una palomita que le preguntó:

     --Cucarachita Mandinga 
     ¿por qué estás tan triste?

La Cucarachita le respondió:

     --Porque Ratón Pérez
     se cayó entre la olla,
     y la Cucarachita Mandinga
     lo gime y lo llora.

La palomita le dijo:

     --Pues yo por ser palomita
     me cortaré una alita.

Llegó la palomita al palomar que al verla sin una alita , le preguntó: --Palomita, ¿por qué te cortaste una alita?

     --Porque Ratón Pérez
     se cayó entre la olla,
     y la Cucarachita Mandinga
     lo gime y lo llora ...
     Y yo por ser palomita
     me corté una alita.

Entonces el palomar dijo:

     --Pues yo por ser palomar
     me quitaré el alar.

Pasó la reina y le preguntó:

--Palomar, ¿por qué te quitaste el alar?

     --Porque Ratón Pérez
     se cayó entre la olla,
     Y la Cucarachita Mandinga
     lo gime y lo llora ...
     Y la palomita se cortó una alita ...
     Y yo por ser palomar
     me quité mi alar.

La reina dijo:

     --Pues yo por ser reina,
     Me cortaré una pierna.

Llegó la reina renqueando donde el rey, que le preguntó:

--Reina, ¿por qué te cortaste una pierna?

     --Porque Ratón Pérez
     se cayó entre la olla,
     y la Cucarachita Mandinga
     lo gime y lo llora ...
     Y la palomita
     se cortó una alita,
     el palomar
     se quitó su alar,
     y yo por ser reina,
     me corté una pierna.

El rey dijo:

     --Pues yo por ser rey,
     me quitaré mi corona.

Pasó el rey sin corona por donde el río, que le preguntó:

--Rey, ¿por qué vas sin corona?

     --Porque Ratón Pérez
     se cayó entre la olla, 
     y la Cucarachita Mandinga 
     lo gime y lo llora ...
     Y la palomita
     se cortó una alita,
     el palomar 
     se quitó su alar, 
     la reina
     se cortó una pierna,
     y yo por ser rey, 
     me quité la corona.

El río dijo:

     --Pues yo por ser río,
     me tiraré a secar.

Llegaron unas negras al río a llenar sus cántaros y al verlo seco, le preguntaron:

--Río, ¿por qué estás seco?

     --Porque Ratón Pérez
     se cayó en la olla, 
     y la Cucarachita Mandinga
     lo gime y lo llora...
     Y la palomita
     se cortó una alita,
     el palomar 
     se quitó su alar,
     la reina
     se cortó una pierna,
     el rey
     se quitó su corona
     y yo por ser río,	
     me tiré a secar...

--Pues nosotras por ser negras, quebramos los cántaros.

Pasaba un viejito, quien al ver a las negras quebrar sus cántaros, les preguntó:

--¿Por qué quebráis los cántaros?

     --Porque Ratón Pérez
     se cayó entre la olla,
     y la Cucarachita Mandinga
     lo gime y lo llora...
     Y la palomita
     se cortó una alita,
     el palomar 
     se quitó su alar,
     la reina 
     se cortó una pierna, 
     el rey 
     se quitó la corona, 
     el río
     se tiró a secar
     y nosotras por ser negras,
     quebramos los cántaros.

El viejito dijo:

     --Pues yo por ser viejito,
     me degollaré.

Y se degolló.


Entre tanto llegó la hora del entierro.

La Cucarachita quiso que fuera bien rumboso e hizo venir músicos que iban detrás del ataúd tocando. Los violines y los violones decían:

     --¡Por jartón, por jartón,
     por jartón
     se cayó entre la olla!

Y me meto por un huequito y me salgo por otro para que ustedes me cuenten otro.